Los tres
Llevo mi frasco de buen vino
para beberlo entre las flores,
me acompañan dos soñadores:
mi Sombra y Diana, en el camino.
Felizmente mi amiga Luna
beber no sabe, ni mi Sombra
sufre de sed. Rara fortuna
d’esta pareja que me asombra.
Si canto, la Luna me escucha
en silencio. Y cuando me alegra
la danza, como una culebra
va en pos de mí la Sombra ducha.
Tras el festín, los invitados
se dispersan –¡atroz momento!–.
Nunca he sentido ese tormento
con mis amables convidados,
pues al volver a mi morada
guía la Luna con su linterna
mientras la Sombra, resignada,
sigue mi marcha sempiterna.
—
Guillermo Valencia, in: Guillermo Valencia, Catay. Poemas orientales, 1928 (Obras poéticas completas, Madrid, 1955)
